UN OFICIO, de Matatigres

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hidalgo reyes
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UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor hidalgo reyes » Dom Jun 12, 2016 3:09 pm

EL MATATIGRES.
Cuenta la historia biográfica del escritor: Jorge Luís Borges que; cuando su padre era niño, conoció en Buenos Aires a varios hombres cuyo oficio era cazar jaguares. La gente los llamaba «tigreros» debido a que el jaguar es como un tigre, aunque más pequeño “decía”.Y que para la actividad de cazar aquellos hombres llevaban una jauría de perros cruzados, un poncho y un largo cuchillo. Una vez que los perros sacaban al jaguar de su escondite, el tigrero (gaucho) sujetaba el poncho envuelto en su brazo izquierdo moviéndolo de arriba abajo. El jaguar siempre respondía de la misma manera: le saltaba al brazo del gaucho, y con dicho poncho atajaba la embestida del tigre, que le rasgaba toda la manta con sus garras. Pero sucedía que al hacer esto el jaguar se incrustaba con la fuerza de su salto en el puñal del cazador, quien lo mataba de una puñalada certera casi en el acto mucho mas fulminante que un tiro de esa época.. Era lucha cuerpo a cuerpo, pero debo decirles también, que alguna dentellada en brazo se llevaba dicho cazador, es decir casi un empate, la diferencia era que el gaucho salía vivo. De esa manera el gaucho ganaba prestigio y cotización de su paga y no eran muchos los cazadores con jauría de esa época; el mas nombrado de esas lides era un tal Falucho .Así se evitaba el daño, de jaguares en ese tiempo. El tigrero descansaba hasta que volvía a haber ganado muerto por un jaguar y lo llamaban de nuevo. La gente lo tenía en alta estima, pero NO por las razones que pudieran darse en la actualidad, “de cazador”. Era más bien porque se consideraba como trabajo de hacienda. Según el padre de Borges, el tigrero era «un trabajador especializado» junto a sus perros.

Amigos del foro: Así era antes, el tigrero era considerado, como un trabajo especializado, por lo peligroso y todos no salían airosos, además la caza era a lo gaucho, facón, poncho y perros. Podemos decir entonces que el gaucho –cazador ya era maestro en esta actividad. Sigamos aprehendiendo. Un abrazo.
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oski52
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor oski52 » Dom Jun 12, 2016 3:16 pm

Muy interesante, gracias por la información

saludos

Oscar
"Observa, planea, ejecuta.

Saludos cordiales
Oscar
BTOAGUIRRE
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor BTOAGUIRRE » Lun Jun 13, 2016 11:06 am

Estimado amigo, Hidalgo, hace un tiempo investigando paginas en internet, encontre la fecha de fallecimiento de don Cristobal Tevez,, el ultimo tigrero, era una nota, demas linda, que ahora voy a recrear , debo decir que conoci mucha gente como Don Cristobal, en mis recorridas por el Chaco Salteño y Formoseño, gauchos probos, que viven en sus ranchos perdidos en el monte , con sus animales, sencillos y agradecidos de la vida, que lo reciben a uno con esa cortesia, que conmueve, suerte la mia que pude y puedo conocer gente de estos kilates,

23 de Febrero, 2008
MISION NUEVA POMPEYA (Especial, por Manolo Bordón).- Acaba de saltar el cerco de esta vida, después de haberla vivido intensamente, don Cristóbal Tevez, el último tigrero de El Impenetrable, amigo personal de Luis Cuellar, famoso por su pelea mano a mano con uno de estos animales en vías de extinción, otrora reyes del monte. Cristóbal Tevez, salteño de nacimiento, chaqueño desde siempre, mira la vida con ojos cansados. Fue a inscribirse en El Pintado para hacer el servicio militar, en 1918. El sabor del chupetín le ilumina el rostro, curtido por mil vientos y calores y tiempo. Varios de sus hijos lo rodean de respeto y cariño.
“Yo me hice gente cuando estuve en el Ejército”, sostiene convencido. No entiende por qué se sacó la obligatoriedad de la colimba. La matemática es fácil: si se inscribió cuando tenía 20 años, ahora tiene 110. Lo ratifica el doctor Jorge Foguelman Díaz, gerontólogo con grado en la Universidad Autónoma de Madrid, La pregunta que todos nos hacemos, y le hacemos, tiene que ver con su trabajo juvenil. ¿Qué hacía, en la década del 20, cuando volvió a Pompeya después de haber cumplido el deber bajo Bandera? “Era para todas las cosas, cosechaba maiz, limpiaba, juntaba hojas de coca...”, cuenta con lentitud pero con precisión.

Don Cristobal murió callado, sin quejarse, rodeado de la prole de su descendencia, incluida la Gregoria, la más chiquita, que ya suma 43 abriles. Nació de doña Ernestina Miranda cuando su padre cruzaba los 67 años, última de los diez hijos que este matrimonio trajo al mundo. Murió de ganas de morirse, un poco anémico, con la presión 11/7 según el registro del gerontólogo Jorge Fogelman Díaz, que lo auscultó en mi presencia hace tres meses. El facultativo, se dio vuelta y me miró con una enorme sorpresa en los ojos, y me dijo: “Manolo, éste está más sano que nosotros”. Poco tiempo después de esta visita domiciliaria con los profesionales del equipo Paicha, don Cristóbal le pidió el 38 a uno de sus hijos, con los ojos llenos de lágrimas. “Ya estoy cansado de vivir” le dijo desde su flacura larga y alta, un metro ochenta y cinco aunque un poco doblado por el inexorable peso de los años. Le escondieron el revólver pero no pudieron atajarle la voluntad. Empezó a comer menos, a callarse, ya no jugaba con Carlitos Tevez, el más chiquito de sus herederos, una pulga inquieta que todavía no tiene dos años. La noticia nos cayó mal, porque se fue sin esperar la visita que le prometimos, aunque pudo ver cuando asistimos a su familia con cajas de mercadería, con médicos que hicieron análisis de sangre a todos ellos, con juguetes, pelotas y muñecas para nietos y bisnietos.

Y le disparamos la pregunta. ¿Cómo cazaba tigres?. “Con bala casi siempre” dice Tevez y hace una pausa, una lejanía, se hunde en la memoria, está viendo seguramente a un tigre cerca suyo, estará escuchando el ladrido de los perros. ¿Con qué tiraba?, curioseamos. “44-40” dice. “El wincher” decimos. “No, el revólver”, memora. ¿Y si se quedaba sin balas? Bromeamos. “Entonces lo tenía que matar a garrotazos”, sorprende. Pero no se calla esta vez. Gesticula con la mano derecha y se golpea despacito la cabeza con la mano abierta. “Pero no hay que pegarle acá arriba, es muy duro... hay que pegarle en el hocico, cuando la perrada lo acomoda...”. Nos miramos todos, nadie habla. Ahora nosotros hacemos silencio y lo estamos viendo con su garrote enfrentando al animal más hermoso y más peligroso de El Impenetrable. El puma. El león americano. Lucha mortal contra los perros, la luz de la linterna, el Hombre que lo mata rompiéndole los dientes con un palo. Chaco profundo, indomable, Impenetrable de los años mozos de este viejo maravilloso, imperturbable, sabio, madera vida de un monte que ya no es el mismo que él conoció, poblado de guazunchos, osos hormiguero, tatú mulita, aguará guazú, gran bestia (tapir) y otros animales que ya se ven poco.

Fue éste hombre el que nos narró detalladamente la pelea de Cuellar con el último de los tigres que mató, pero que casi lo mata. Un recuerdo se nos ilumina en la neurona que nos queda sana: “¿Lo conoció a Cuéllar, el cazador de tigres?”. Otra vez el centenario abuelo responde con energía: “Luis, mi amigo...!!!”. Le decimos si se acuerda de la famosa pelea del tigrero y el tigre. “Mal baleao --empieza a contar despacito, con claridad fantástica-- el tigre le vino por detrás cuando él buscaba su montao. Lo muerde en la rodilla y se caen al suelo, en la noche oscura, Cuéllar le mete la mano en la boca (muestra con un gesto el puño cerrado de la mano izquierda) mientras pelaba su cuchillo. Alli si pudo matarlo a puñaladas. Mal herido, en la pierna y en la mano, Cuéllar llega hasta el montado y al pueblo. Lo llevaron a “Sai Peña” y después al Perrando. Le salvaron la vida a mi amigo”. Una narración perfecta, en tiempo, en espacio, modulada con su voz lenta, fatigada. Descubrirle la edad no fue un misterio. Nacido en Salta de don Carlos Luna y de doña Isidora Tevez, sus documentos se perdieron en un fuego.

El sabía que tenía 20 años cuando se presentó para enrolarse y hacer el servicio militar allá por marzo de 1918. El dictamen de Fogelman Díaz fue contundente, después de revisarlo, de entrevistarlo. “Tiene 110 o 111 años este hombre, aseveró el gerontólogo correntino, amigo y médico de don Deolindo Felipe Bittel después del accidente que lo dejó con un brazo inutilizado a nuestro prócer político. Pudimos saber con sus hijos que el apellido paterno se perdió con aquellos papeles y por una muerte casual, con un cuchillo, del hombre que lo engendró pero que no vivió para reconocerlo de nuevo. Por eso ellos no son “Luna” como don Carlos padre, sino Tévez, como doña Isidora, madre. En la madeja de recuerdos de su padre, donde aparece con fuerza Armando Candela constructor de escuelas y hacedor de caminos y picadas en El Impenetrable profundo, salta la batalla tigrera de don Cristóbal, una tarde cualquiera de hace años. Dos perros que rodean al tigre. Tévez que se mete con un revólver Smith Wesson 44.40. Pero tropieza y se cae al intentar salvar uno de sus perros. Y el tigre, al tirarle el tarascón final, erra el destino y le muerde el cañon del revólver. Lejos de aterrorizarse con un tigre a punto de matarlo, don Cristóbal apretó el gatillo y le voló la cabeza al animal, malo y herido. “Nos acordamos bien de ese revólver de papá me cuenta Genaro Tévez, porque lo veíamos caminar ladeado por el peso que tenía en su cintura”. Gran cocinero, responsable de todos los asados para el personal de Armando Candela en El Impenetrable, guapo y silencioso, ya no está entre nosotros.

Seguro que anda a los abrazos con Luis Cuellar, intercambiando anécdotas y bromas. Nadie me contó jamás cuantos tigres mató don Luis. El propio Cristobal Tébez me contestó la pregunta referida a su historia personal. Y no dudó. “Yo maté 35”, dijo. Me llevo en la memoria las anécdotas de su tiempo como peón en la Misión, con los curas franciscanos en la décadas del 20 y del 30, cuando cultivaba la tierra, sacaban maíz, coca, uvas y cuando vivían sin preocuparse por la plata, sino por los arreos. Por suerte, estos datos están grabados en la filmadora de Silvio Reyes. Porque sino, ustedes me iban a decir, como suelen decirme cuando en Resistencia o en la radio cuento anécdotas del monte: “Manolo, achicá tu pescado”. No culpo a los que no me creen. Aquí las historias son tan fantásticas que a veces uno mismo, que las vive de cerca, no sabe si está soñando. Disfruto eso. Y le doy gracias a Dios por este laburito que me dio en este tiempo.

MANUEL EDGARDO BORDÓN
DNI 8494772
Reportero gráfico

Señor director de NORTE: 23 Octubre 2008
Hace treinta años, El impenetrable, era una herida abierta, las rutas buscaban el horizonte perdido en la maraña de la selva virgen, para colonizarlo; estaba habitado por animales salvajes, haciendas criollas y seres humanos dignos, algunos patriarcas venidos de la provincia de Salta, para pastar sus animales, ya que esto era un universo de pasto, monte y aguadas

El incansable y querido amigo Andrés Parra, venía abriendo la picada 82 y antes de llegar a Nueva Pompeya, se encontró con una aguada impasable: autorizado a hacer una inclinación hacia el Oeste y en la mira aparece un rancho. Allí vivía don Cristóbal Tévez (no cualquiera es don, en esos parajes se ganaba el apelativo) ganadero de oficio y tigrero por su audacia y bravura: por supuesto Andrés hizo una curva, esquivando el rancho de Tévez, de una humildad y bonanza ilimitada y también la autoridad moral de los luchadores; no podían llevar por delante su ranchito: “aisito nomás en la curvita” y quedó Cristóbal Tevez como un vigía de integridad; aún en esa época, campeaba su hacienda criolla, que no era poca, cazaba “chanchos moros” y estaba siempre atento a la huella del tigre que le comía los terneros.
Allí comenzamos con mi hermano a hacer la picada a Nueva Población, siguiendo la famosa picada 8, desde Taco Pozo (un abrazo a Ibáñez, intendente, pero luchador nato de ese pico del Chaco), hasta nueva Población, allá por el año 1900, por nuestro querido Ejército Argentino; ¡Que odisea, qué lucha!. La casa de el amigo Tévez, fue nuestro punto de reunión, Cristóbal era un gran asador y cuando los muchachos se iban a trabajar, quedábamos platicando, era tanta su sabiduría innata y su conocimiento que daba gusto compartir con él sus vivencias; en esa época aún tenía varias vaquitas y sus grandes corrales atesoraban sus dichos. Mi amigo se fue quedando pobre, como todos los lugareños y allí quedó gravada su valentía, 35 tigres muertos en coraje; en ese tiempo donde las peleas a facón eran las noticias llegadas de Castelli y las otras muestras del gaucho, eran los tigres, muertos a facón o con la guacha. Pablo Ruiz, mi vecino y amigo, hace poco fallecido evangelista y viejito santo, vivió al pegarse un tiro, varios días, con fiebre altísima , se arrastró hasta un zapallo y lo salvó la vida, raspando con la mano su corazón; decían la gente del monte que lo vieron pasar hasta con dos tigres muertos, atados en el anca de su caballo y fue por una huella muy grande, que posiblemente le hizo el diablo y logró escapar de la misma.

En este concepto se encapsulaba mi amigo Cristóbal Tévez; jamás pasé sin saludarlo o visitarlo, me abrazaba, la demostración más cabal del afecto del gaucho; a veces comíamos el asado y luego platicábamos, era un diccionario viviente, sus conocimientos excedían la capacidad de aprender en las aulas. Viejo querido te fuiste sin sentir el último abrazo de un maestro. Cuando Manolo Bordón, me llamó y hablamos por el celular, una alegría inmensa y las lágrimas se agolpaban en mis ojos, la última, ya estabas un charquicito, pero con una mentalidad lúcida, casi 110 años, lo comprobó el gerontólogo. No me avisaron tus hijos, hubieses muerto en mis brazos, maestro gaucho, tigrero por necesidad y capacidad de arrojo o temeridad excesiva. Criado y muerto en la selva, pocos pero amigos hasta el final; cuando inauguren la ruta de Miraflores hasta Nueva Pompeya, le pediré al Coqui, al cual tú también votaste, pongan Curva de Tévez, El Tigrero; allí plantaré un árbol y cada viaje prenderé una vela para agradecer a Dios haberte conocido, ser tu amigo y haber mamado el calostro del monte Impenetrable.-
Adios Tigrero, ganadero, viejo amigo de tantas tertulias y asados, tu sonrisa fue el elixir de mi permanencia en esta tierra bravía; tu eras la ternura, el maestro, la sonrisa que cautivó y me hace volver permanentemente a El Impenetrable. Esta tierra que nos castiga y aún así nos aferramos a ella.-

¿ Cómo voy a olvidar, cuando con 100 años, levantabas tu escuálido bracito, para mostrarme como rematabas al Tigre con la guacha, al temido tigre o yaguareté americano ¡ Qué coraje! Adiós hermano del alma, hidalgo maestro de la bravura y la humildad de vida, ganadero; aquí seguiré como un mojón de la herencia gaucha y tu eres uno de mis inolvidables personajes.

ARMANDO M. CANDELA
Castelli

Saludos Beto Aguirre
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor tresarroyos » Lun Jun 13, 2016 11:27 am

muy buen aporte btoaguirre!!! gracias por compartir. me encantan las historias y también las leyendas del campo !
saludos
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor gus-hunting » Mié Jun 15, 2016 9:23 pm

Excelente beto,un placer leer estas historias... (-Y)
Nunca discutas con un idiota, te arrastrara a su nivel, y te ganara por experiencia.
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hidalgo reyes
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor hidalgo reyes » Mié Jun 15, 2016 10:50 pm

Buena Beto realmente son verdaderas historias y cada una su enseñanza . Gracias por tu aporte. Un abrazo.
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pampa central
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor pampa central » Sab Jul 02, 2016 9:59 pm

Desde temprana edad he andado por los montes pampeanos y he conocido al gaucho nativo de mi zona, la pampa, dueño de caldenal y vaquiano como pocos. De andar sensillo y generosidad a flor de piel. Al distinguir que uno es curioso con los temas relativos a la caza no faltan relatos del tema, jabalíes asesinos de perros y que matan terneros, pumas dañinos que matan también al ganado, etc. Es ahi donde aparece el nostalgico recuerto del "leonero", a quien se invocaba en casos de extrema necesidad para solucionar un problema, era un paisano conocer del monte y sus secretos, que con unas pocas trampas, lazos y perros, adherido a sus conocimiento les da muerte al dañino animal. Ahí fue que conocí a uno, tal vez de los últimos que quedaba de los de antaño, colgaba orgulloso en la cocina del rancho un reportaje periodístico de una revista de caza de buenos aires que lo mencionaba por haberlo entrevistado. Esta profesión de tradicional hoy la practican con orgullo sus hijos, herederos de la noble tradición. Es por eso que les dejo este consejo, cuando vayan al campo respeten al paisano, van a cazar más y mejor.
Acá les dejo una página que les va a dar más información de lo que les relato amigos. Gracias
http://www.lanacion.com.ar/164769-los-c ... e-pampeano
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RobertoCheij
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor RobertoCheij » Dom Jul 03, 2016 10:52 pm

El "Sai Peña" que dice el relato es Presidencia Roque Saenz Peña, la ciudad a donde vivo, muy emocionante em relato!
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hidalgo reyes
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Re: UN OFICIO, de Matatigres

Mensajepor hidalgo reyes » Mar Jul 19, 2016 9:18 pm

Bueno gracias amigos. Un abrazo

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