CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

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BTOAGUIRRE
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CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor BTOAGUIRRE » Vie Sep 20, 2013 12:01 pm

La pesca con los redeadores es otra actividad que cuando vine a vivir a Embarcacion quería realizar, aunque nunca me hizo falta, y era una molestia más que nada para los redeadores que me aceptaban solo porque mi suegro (le hacía trabajos a ellos) hablo con ellos para que me lleven, no hay frio ni calor los aborígenes tienen que meterse igual al agua, en realidad no eran solo aborígenes, sino también criollos estando todos mezclados, al tiempo de llegar a vivir a aca comencé a salir con ellos en las chalanas y viajar rio abajo a pescar con red y cuando se podía pescar con anzuelos, era joven en ese entonces y aunque mi señora le molestaba esas actividades, siempre me iba igual, consentido sobre todo por mi suegro, pues él había hecho lo mismo en su juventud , si abre comido quirquinchos, charatas, iguanas, conejos y no quiero acordarme más, era una irresponsabilidad de mi parte esta actividad sobre todo porque yo no sé nadar, y si me caía al agua me ahogaba de seguro, aunque siempre lleve salvavidas, de tanto ir y comiendo y durmiendo como ellos sin ser delicado , aunque tenía camioneta , negocio, ellos terminaron aceptándome y fui uno más, entonces al salir ya me iban a buscar solos. Cuando mi señora quedo embarazada, deje esa actividad aunque seguí ayudando a los redeadores pero ya los llevaba y los iba a buscar en mi camioneta, ya no me aventuraba con ellos por el rio, los buscaba y los traía con la chalana al pueblo para que vendan sus pescados. Ellos largaban sus chalanas en lugares cercanos a Embarcación, después se arreglaba el lugar donde iría en la camioneta a buscarlos rio abajo, y los días después en que los esperaría en algún punto del chaco donde se sale al rio y así me iba a buscarlos con algún aborigen y nos veníamos al pueblo cuando esperando en el rio me encontraban con toda su carga de pescados para vender, nunca les cobre por eso , pero siempre recibí muestras de agradecimiento por ello, afectivas sobre todo, es un rebusque cobrarles para llevarlos y traerlos acá, de los que no tienen trabajo y si tienen un vehículo, siempre lo hice por el gusto de aventurarme , tenia negocio con mi suegro en esa época y no me hacía falta, aunque al principio esto genero desconfianza en ellos, al tener el respaldo de mi suegro veterano cazador y pescador muy respetado y querido en el pueblo facilito mi acercamiento y posterior amistad con ellos, aborígenes y criollos. Mi suegro era fumador empedernido y hombre de buen comer, cocinaba en forma magistral, sobre todo animales de caza y pescado, le gustaba cazar corzuelas, chanchos y anta , por el cuero, en el lomo tiene como un centímetro de ancho, era muy requerido para hacer artesanías y fundas, el era muy hábil con sus manos, hacía de todo, hasta tenía un fragua con la que fabricaba puntas para fijas (las lanzas para pescar de los aborígenes) y arreglaba riles pescador, por eso siempre estaba lleno de indios la casa, con el fui muchas veces a pescar al rio en su lancha, eso era lo que le gustaba ya en su vejez, aunque ya no quería ir, pero el problema era que cuando iba, no quería volver viniando y fumando tranquilo, recuerdo esas salidas los dos solos en su lancha en medio del rio pescando y que nos sorprenda una tormenta , tipo eléctrica, chango que manera de rezar y el se cag…a de risa, con los truenos, los refucilos y los rayos que caen en tremenda explosión en el monte, incendiando algún árbol y nosotros a la orilla del rio o debajo de algún sauce temblando de frio y mi suegro que no se quería ir continuaba pescando y besando su piturro (recipiente con vino con soda, esas drago me acuerdo) y fumando, sus fontanares, una vez nos refugiamos bajo un cañaveral por la lluvia intensa y él se bajo de la lancha y de la orilla pescaba en medio del aguacero, yo sosegao debajo de las cañas esperando que pase el chubasco y en eso cae en la embarcación desde los cañaverales una araña pollito como un plato, mamita casi me tiro al agua, salte para la tierra cayendo en el barro y agua con mi poncho impermeable mojándome igual y embarrándome todo, mi suegro se meaba de la risa. Al fallecer junto con mi cuñado nos hicimos cargo del negocio y (yo ya era socio con mi suegro) así tuvimos más tiempo libre para poder retozar libremente por el monte cuando las circunstancias lo ameritaban, eran tiempos de un rio desbordante de peces de todo tipo y de montes infestados de animales en cada rincón los topabas, sobre todo corzuelas , eran cantidad, como dicen los chaqueños, y animales menores y aves infinidad, así conocí a mi amigo Pupo Fontanini, quien se convirtió en redeador por necesidad pues fue despedido del ferrocarril y tuvo que pucherear como sea. Después el con la indemnización se compro una camioneta y llevaba y traía aborígenes redeadores pero cobrándoles (pues ellos no tienen vehículo y se les alquilaba la camioneta para llevarles la chalana e ir a buscarlos para traerlos al pueblo) aproveche esa oportunidad y lo acompañaba cada vez que podía y así volvía a la aventura que era recorrer esos caminos inhóspitos pero tentadores para mi espíritu por todo el chaco salteño. En estos viajes he sido testigo de innumerables hechos que hoy me parecen increíbles, en una oportunidad fui chocado por un ser bípedo , alto y peludo( cuando regresaba de pescar del rio en una cañada ) aunque no recuerdo el lugar exacto del chaco que fue y que me dejo duro de la sorpresa y desapareció (era de noche), aunque lo analice mucho, me pareció un oso bandera parado en dos patas (medio pichón) , pero a mi compañero Ramón Soria le resulto un UCUMAR, aunque acepto mi razonamiento y se tranquilizo ,era según como se lo veía, yo siempre tratando de ser racional y otros presos de sus creencia paganas . También fui requerido de un puestero cercano cuando pescaba en la zona del carretón en pleno chaco para que mate a su caballo que estaba quebrado y postrado hace varios días, el chaqueño no quería terminar su sufrimiento mediante su cuchillo (tenía un arma, rota) pues temía que una patada o cabezazo involuntario del animal lo pueda herir a él, y en medio de estos monte que hace con una pierna o brazo roto, me pareció lógico sus conjeturas y lleve a cabo lo pedido, aunque tal vez al verme con arma me lo pidió solo por eso, era un caballo overo grandote muy hermoso, (con manchas marrones grandes e indescifrables sobre su blanco cuerpo )saque unos caramelos que tenia , siempre llevo una bolsa, sobre todo por los chicos que uno ve, le pedí al puestero que se los de en la boca y mientras yo le disparaba con mi escopeta, así lo hicimos y quiero pensar que se fue con un sabor dulce en su boca pues a nosotros nos quedo uno muy amargo, a mi durante un tiempo. Varias veces ayudamos a puesteros a matar algún león cebao con las cabras o terneros, esto si bien parece una actividad peligrosa, no es tanto, pues se lo huellea buscando los animales cazados por el gato y allí se largan los perros en el rastro fresco y estos en el desbande lo enarbolan, entonces uno llega y dispara. El mayor problema radica en seguir a los perros en el monte, recibiendo cortaduras por la vegetación y tratando de seguir por el oído el ladrido de los cuscos para direccionarse bien, esto en mi vida de cazador en el chaco, lo habré hecho dos o tres veces, no mas, el mayor riesgo era para los perros, pues alguno siempre terminaba herido mortalmente y había que sacrificarlo, esto producía un dolor en el alma para los amigos chaqueños, que los he visto temblar la mano con el cuchillo y tuve que sacarlos y usar mi pistola, ver estos curtidos puesteros flaquear por sus cuscos los pinta tal cual son , duros para todo, menos para sus querencias, sea su china, su guagua , sus padres y sus animales, por cierto la carne de león es muy sabrosa, en el chaco son más bien chicones y un dato particular es que los perros no lo comen, olfatean y se van. Esto si bien con perros en el chaco en que casi son enemigos naturales, parece lógico, me paso que mate un león enorme en los cerros en dirección contraria al chaco , allí si son grandes esos gatos y lleve un pedazo a Salta a la casa de mi viejo y al querer darle un bife jugoso al Bingo el ovejero alemán de mi tata, me desprecio como los perros chaqueños, lo olfateaba y se alejaba echándose retirado con la orejas caídas, confirmando el instinto del animal, que siendo de ciudad no acepto el convite de un gato del monte, me acuerdo de mi viejo cuando lo visitaba en Salta Capital, tenía que llevarle escabeche de vizcacha, charata, picazo,corzuela o chancho, se los devoraba, le traía recuerdo de su niñez criado por su mama con eso, hace doce años falleció a los 85 años, fue un muy buen padre , aunque sé que fui un buen hijo también. También me paso cosas divertidas, ( aunque lo son después) , fui a una zona del chaco a pescar también con unos amigos, en esa oportunidad saque dos pacúes uno grande y otro mediano , a este lo cocinamos y a la noche vino un puestero de la zona a comer con nosotros y tomarse unos vinitos, después de esto ya bien calzao el vino sucedió que el chango este me pide mi pacú, y empezó con que se lo de (yo no quería), estuvo a cada rato preguntado si le daba el pescado y ante mi negativa se callaba y después de un rato , como solo lo hacen los borrachos cargosos volvía con su cuestionamiento de porque no se lo doy y así hasta que se fue tarde en la noche. Algunos se fueron a pescar y otros nos quedamos a dormir, cuando de pronto sentimos que el chaqueño gritaba si le iba o no a dar el pescado, ya era de madrugada y estaba totalmente en pedo, me asuste pues se que estos chaqueños son obsecuentes y con un vino de mas no miden las consecuencias de sus actos, me levante pistola en mano dispuesto a confrontar con el chango pues me parecía inevitable y uno de mis compañeros se ilumino y le grito que nos da a cambio del pacú, quedo duro el chaqueño y pensativo dudando dijo que tenía una chancha grande con cría que nos daba un lechón, cuando dije fuerte un lechón, inmediatamente dijo dos mejor, nos miramos con mi compañero y le dije “yasta entonces” y le di el pacú, para después ir a ver los lechones. Al otro día temprano vino el chaqueño con dos lechones gordos recién faenados y me los entrego sin decir palabra, movió la cabeza a modo de saludo y se fue y no volví a verlo más hasta que nos fuimos temprano en la tarde. Después en el pueblo hicimos uno de los lechones en un horno de barro en la casa de Rubén Luis relleno con papas y jamón , huevo duro, maíz hervido, queso y no sé cuantas verduras más le pusimos y nos empanzamos a más no poder con semejante exquisitez y guarde el otro para comerlo con la familia , aunque fue mucho después , pues con el primero casi voy a parar al hospital de la indigestión que me agarre por comer a lo bruto y sin compasión, pero como dijeron los muchachos, seguro que el chaqueño se dio cuenta después de la pelotudez que hizo y nos “ojeo la comida” por eso nos empachamos feo, casi todos, suerte que la señora de Pilu Salvatierra , doña Ida cura del empacho y me curo. En su casa conocí un chico, hecho hombre ya, que me comento que estando desahuciado hace muchos años siendo un bebe fue llevado por su mama a la casa de doña Ida quien lo curo, esa vez estaba en la estación del ferrocarril (hace años) en brazos de su madre para volverse al chaco salteño, con el bebe pronto a morir como le habían dicho los médicos , el Pilu Salvatierra trabajando en la estación vio a la madre y el ver al bebe se dio cuenta de lo que sucedía y la envió con su señora , ella con esa sapiencia que dan los años y la infinita paciencia y ternura que la caracteriza hizo sus cositas y curo al bebe hasta dejarlo, después de varias secciones completamente curado. Casi todos los años viene este muchacho a saludar a su benefactora y trayéndole regalos del chaco, quirquinchos, charatas, lechones y cosas así, lo conocí una vez en casa de mi amigo Pilu y corrobore esta historia que puede parecer irreal pero es perfectamente veraz como todas las cosas que viví o que fui testigo. La señora Ida es muy conocida en el pueblo siendo visitada constantemente por mamas para curar a sus hijitos empachados, asustados o ojeados, como se dice acá, esto es perfectamente natural para nosotros (hacer esto y no llevarlos al médico), pero habla de la sabiduría en el alma que lleva esta buena mujer y quien agradezco su amistad y la de su esposo mi compañero de cacería don Pilu Salvatierra, asi como sus hijos, hombres ya, que me tratan con afectuoso cariño. Saludos beto aguirre
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GUSTAVO 300 WM
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor GUSTAVO 300 WM » Sab Sep 21, 2013 9:25 am

Beto nuevamente una exquisitez leer estos relatos.

Este relato hace cuanto tiempo ocurrió??

Excelente lo suyo.

Un abrazo
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor beto superpuesto » Sab Sep 21, 2013 1:11 pm

Beto, ya estás para escribir un libro. Un relato mejor que otro, MUY BUENO!!!


Saludos!!!



(-Q)
ARIEL -CBA
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor ARIEL -CBA » Sab Sep 21, 2013 2:07 pm

BUENISIMO BETO , he visto curar el empacho ,ojeodura pero nunca el susto ,muy bueno lo suyo beto ,Saludos a su gente .Ariel
panzaverde
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor panzaverde » Sab Sep 21, 2013 3:54 pm

Impecable.
Saludos
HEB55
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor HEB55 » Sab Sep 21, 2013 6:45 pm

Gracias por Compartir
Un Amigo en Rcia. Chaco. Si algun dia estas por aqui tomamos unos Vinos
Saludos
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor palenke-fusilero » Dom Sep 22, 2013 12:44 am

HERMOSO FIN DE SEMANA IMAGINABA.
CAF
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor CAF » Dom Sep 22, 2013 10:52 am

Hola Beto,

De lo mejor que he leido ultimamente!!! Transmites tus vivencias magnificamente!!! Te felicito!!!

Saludos!

CAF
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor BTOAGUIRRE » Dom Sep 22, 2013 11:27 am

GUSTAVO 300 WM escribió:Beto nuevamente una exquisitez leer estos relatos.

Este relato hace cuanto tiempo ocurrió??

Excelente lo suyo.

Un abrazo


Esto sucedio desde el año 90 hasta el 2000, cuando nacio mi hijo y deje de andar el monte y esas aventura alocadas que tuve, nunca tome, ni fume,pero me perdia con estos changos, muchos ya fallecidos, dias por el chaco, ellos vivian de eso y no se volvia hasta que se hacian de animales o pescados para vender, despues de eso segui yendo, pero iba a cazar o pescar un par de dias y volvia. Siempre fui de tener armas de fuego, 22, 22 magnun, pistolas nueve, escopetas 12 y 28 (para charatear), cuando iba al monte siempre llevaba mi pistola nueve que usaba en la cintura (bersa , jerico, para ordenance, norinco y ahora tengo y uso bp9cc), aca en el chaco hasta 1940 se vivio en forma inalterable las comunidades aborigenes y habia que llevar pues los conflictos con animales (viboras, antas, cuchis, algun gato topado sin querer) y por supuesto personas que las habia buenas y malas, no eran raro y uno no sabia cuando necesitaba defenderse, muchos andaban asi, y asi era aunque ud no lo crea. Saludos beto aguirre
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor DARIO32 » Lun Sep 23, 2013 6:55 pm

Muy bueno beto!!!
El trabajo es cosa buena
es lo mejor de la vida
pero la vida es perdida
trabajando en campo ajeno
unos trabajan de trueno
y es parotros la llovida.
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yaguatirica
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor yaguatirica » Mar Oct 08, 2013 10:10 am

Beto,

Que lindo relato!!!
Muchas gracias por tus aportes (-Y)
Abrazo
Y
Vago no soy,...quizás algo tímido para el esjuerzo.
Chaquenio
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor Chaquenio » Mié Jun 04, 2014 10:50 am

SOY NUEVISIMO EN EL FORO Y LEYENDO LOS RELATOS DE ESTE SEÑOR SE ME PONE LA PIEL DE GALLINA ME GUSTARIA MUCHO CONTACTARME YA Q AMBOS SOMOS DE LA ZONA Y APASINODOS POR LA PESCA Y CAZA VOY MUCHO A PESCAR AL BERMEJO ME GUSTA IR A LA ZONA D ORAN YA SEA CHANCHO FRITO RODAS ETC. TENGO MI PRIMO GRAN PESCADOR EN EMBARCACION CHITO MERCADO
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pecari357
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor pecari357 » Mié Jun 04, 2014 11:31 am

Hace mucho no se lo ve a Beto. Donde andará ???
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elcazador150
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor elcazador150 » Mié Jun 04, 2014 12:31 pm

ESTIMADO BETO AGUIRRE
Como una cinta cinematográfica ha sido su relato, así lo viví en cada acción suya
Amigo, dele al teclado, agudice su memoria y no nos prive del gozo de mas historias
Las redes, el rio, los lugareños, su Suegro, Doña Ida ( la curandera) y cada escaramuza fueron el marco imponente de su hermoso cuadro de historias de su experiencia vivida.
Vamos BETO AGUIERRE viejo y peludo.

Mi admiración y respeto

(:T:)
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor luchocas » Jue Ene 15, 2015 12:51 pm

buenísimo también.


Saludos y buena caza!!
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Viejo del monte
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor Viejo del monte » Jue Jun 25, 2015 2:53 am

Habrás visto, Beto, que a uno le pasan "cosas" cuando va al monte. Cuando no se jode el vehículo se jode el arma. O te jode un dolor de cintura. Nunca falta algo. Lo peor que le puede pasar a uno, es llevar al monte un conflicto de polleras, porque en esas soledades es como que el conflicto se agranda...
Pero bueno, cada uno se las arregla a su manera.
Te voy a contar una que viví cuando las urpilitas volaban antarca. Y la voy a contar a mi manera, que es la única manera que he aprendido a contar:


I

Todo nos había salido bien ese día, hasta que cayó la tarde.
La altura del río en la que buscaríamos los primeros pacúes que suben, estaba a más de 500 kilómetros de Salta. Ricardo terminó su turno a las siete de la mañana y pasó por mí como a las siete y quince. Se aguantó todo el día despierto.
Serían las seis de la tarde cuando nos desviamos de la ruta por un camino de tierra en mal estado, que nos llevaría hasta el lugar en el que armaríamos el campamento. Las huellas profundas que habían dejado los camiones madereros el verano pasado, obligaban a marchar lento para evitar quedar colgados por la panza del vehículo. El sol empezaba a ponerse rojo cuando calculé que habíamos andado alrededor de cuarenta kilómetros, y le dije a Ricardo que de un momento a otro se mostraría el río. Yo había pescado en ese paraje cinco años atrás, pero no tenía un recuerdo claro sobre detalles del camino. El monte a los costados de la huella era idéntico desde la ruta hasta casi llegar al agua: altos quebrachos, guayacanes enormes, unas pocas breas y, en abundancia, el que llaman el cacique de los palos, el recio algarrobo. Por lo bajo, la tierra arenosa y seca parecía facilitar la vida de los chaguares.
Empecé a sentirme ansioso buscando la inminente aparición de alguna planta de ancoche, o algún sauce sediento de escasa estatura que nos dice que está muy cerca el cauce.
No alcanzamos a ver indicios de proximidad del río cuando a la vuelta de un recodo nos encontramos con un camión que obstruía la huella.
Esperamos unos segundos con el motor en marcha y nadie bajaba del camión.
Apagué el motor y trataba de oír algún ruido de actividad humana. Nada.
Es zona selvática y desierta. Tomé mi pistola, una de grueso calibre que llevo a mano siempre que me muevo lejos de vigilancia policial, y pedí a Ricardo que estuviese atento.
Nos bajamos para observar el vehículo que nos impedía el paso. Habían sacado las ruedas doble traseras de un lado.
–––Rompieron palier –––dijo Ricardo.
Los vidrios de la cabina estaban abiertos; daban idea de que alguna persona que viajaba en el camión estaría cerca. Sentí la sensación de estar siendo observado y recorrí el terreno con la mirada. Pensé que lo mejor sería poner mi espalda junto al camión y dejar que el tiempo se administrara solo.
–––¿Por qué siento que ama usted a esa pistola? –––dijo Ricardo en voz baja.
–––Imagino que por tu capacidad de percepción –––dije también en voz baja.
–––¡Cómo puede alguien amar a un fierro! –––protestó con el mismo tono que usamos en los museos.
–––Hay situaciones en que podría hacer por mí lo que no haría el Papa de Roma –––dije–––. Y Dios podría demorarse.
–––¿No es paranoia lo suyo? –––preguntó Ricardo poniendo el tono adecuado a la burla.
–––¡Claro! –––dije animado–––. Adopté la enfermedad cuando descubrí que paranoia es sinónimo de conciencia elevada.
Miré hacia el fondo de la huella y vi que un hombre venía caminando como a cien metros desde el lado del río.
–––Hay quien dice que llevar armas es de cobardes –––dijo Ricardo como jugando su última carta.
–––Recomendales a esos filósofos que nunca olviden la vaselina –––dije.
Reía como ríe la gente en la iglesia.
–––No hay paso –––dijo el hombre–––. Rompimos palier. Mañana a la tarde volverá mi yerno con el repuesto.
–––¿Cuánto falta para el agua? –––preguntó Ricardo.
–––Ahí nomás está –––dijo el hombre–––. Medio kilómetro.
Tenía el pelo blanco y lacio. Piel amarilla sufrida. Ojos negros.
Ya del sol no se veía más que un fulgor cobrizo que rozaba la punta de los árboles, y resolvimos hacer noche debajo de un quebracho a pocos pasos del camión.
–––Es lo mejor –––dijo el hombre.
Ricardo comió unas sobras del mediodía, tomó unos pocos mates y se tiró sobre el catre junto al tronco del quebracho.
–––Si no me necesita, será hasta mañana –––dijo.
Seguimos con el mate que cebaba el hombre, mientras yo estiraba brasas debajo de la parrilla con chorizos de cerdo.
Cuando se terminó el agua para el mate destapé una botella de vino tinto sin etiqueta, de las que un bodeguero amigo me vende unas pocas por año.
Serví en dos copas baratas que llevo al campo y le alcancé una al hombre. Arrimó la copa a sus labios y la bajó sin beber. Sacudió el contenido y arrimó la nariz a la copa. Tomó un trago y miró las llamas a través del contenido. Yo terminé mi copa en la segunda empinada y me serví otra vez. Arrimé la botella a su copa y recibió, callado, el chorro que casi la llena.
Arrimé brasas vivas durante un rato y empecé a probar los chorizos. Le miré invitándole a servirse y vi que parecía entretenerle el color del vino.

II

Terminamos de comer, y colgué la parrilla en un gajo. El hombre encendió uno de mis cigarros de hoja. Yo me quedé con mi copa en la mano entretenido mirando el cielo diáfano. Reconocí una constelación y llevé la mirada un poco más hacia el Sur.
–––Más a su izquierda –––dijo.
–––¿Cómo? –––pregunté.
–––La Cruz del Sur –––dijo–––. Más a su izquierda.
Miré hacia mi izquierda:
–––Ahí está –––dije. Y tomé un sorbo de vino sin hacer otro comentario. Encendí un cigarro y fumé callado pensando en la perspicacia del hombre.
–––Habla usted poco –––dijo.
–––Eso me pasa cuando tengo hambre –––dije–––. Y también cuando estoy lleno.
Miraba su perfil fingiendo mirar el fuego. Él miraba las llamas con los ojos entrecerrados.
–––¿Le gusta la astronomía? –––preguntó.
–––Solo con sentido práctico –––dije.
–––Navegación –––dijo.
Me interesaba saber qué tenía en mente pero decidí no indagar. Si tenía algo que decir lo diría tarde o temprano.
–––¿Cree en la casualidad? –––preguntó.
–––¡Claro! –––dije–––. ¿No es casualidad que se rompiera el palier justo hoy?
–––Eso pasó ayer –––dijo–––. Pero si ustedes hubiesen venido la semana pasada, tal vez se hubiese roto la semana pasada.
–––¡Lindo título para una comedia! –––dije–––: Los caprichos del palier.
Bebió la media copa que le quedaba, de a pequeños tragos y sin retirarla de sus labios.
–––¿Practica usted algún arte? –––preguntó.
–––La pesca –––dije–––. Y aprendo a escribir.
Me miró serio por un instante:
–––Oh, suprema luz, elevada tan lejos sobre mortales pensamientos, presta otra vez a mi mente un poco de tu epifanía y dale a mi lengua tal poder que pueda dejar un singular chispazo de tu gloria, a este amigo del buen vino.

–––Tal vez mejor alguna vicoca –––dije–––. Porque has de saber, amigo del buen vino, que en los tiempos que corren, vale más un mísero diamante que todos los dientes de la boca.

–––¡Blasfemias le ruego obviar! –––dijo solemne–––. So pena de caer en los abismos del infierno, lo que Dios da, por nada debemos cambiar.

–––Blasfemar no es mi intención –––dije–––. Imagino que ha de doler menos caer en un abismo, que morir de inanición.

–––Si por un bocado faltáis a la ley divina –––dijo–––, Dios me libre y guarde de los pecados que cometeríais con una vagi... doncella.

–––Oportuno el eufemismo –––dije–––. Pero cuando he de merecer, que sea pecado o no, a mí me da lo mismo.

–––¡Eso es lo que llamo depravación! –––dijo–––. Disfrazar de fiesta la gracia de la sagrada procreación.

–––No siempre la estoy disfrazando –––dije–––. Solo cuando me dicen que están obul... con miedo.

–––Que el Señor tenga piedad en su juicio –––dijo meneando la cabeza–––. Yo creo que a usted le ha ganado el vicio.

–––Estoy que muero de afligido –––dije–––. Destapemos otra botellita a ver si lo olvido.

–––Todo sea por no pelear –––dijo–––. Destape nomás que yo voy a me... ver si llueve.

Destapé la botella y vinieron a mi mente algunos recuerdos de amoríos que eligen esos desiertos para ensañarse con la pena.

–––Oh, ángeles del cielo que me estáis mirando; no me castiguéis por mi condición apóstata; ya tengo bastante con mi vieja próstata; a veces pienso que moriré meando –––se oía decir al hombre que andaba detrás del camión. Yo elegí echar una trova.

–––No quiero verte llorar;
no quiero ver que las penas
se metan en tu alma buena
por culpa de mi querer…
No quiero verte sufrir;
no soy capaz de ofenderte;
y sabes que hasta la muerte,
voy a ser sólo de ti…

III

Ricardo me despertó cerca del mediodía ya con el asado que sonaba en la parrilla. Se quejó por el bochinche nocturno. El hombre no estaba en el camión e imaginé que habría ido al río. Pregunté a Ricardo si le había visto por la mañana:
–––No, y no le veremos –––dijo–––. Sabe que se acabó el vino.
Terminamos de comer y me tiré sobre el catre, cuando oímos el motor de un vehículo.
–––Tal vez sea el yerno –––dijo Ricardo.
Bajó un muchacho gordo. Traía el palier del camión. Nos saludó y puso manos a la obra.
Ricardo me alcanzó algunos mates mientras hacía planes culinarios para el primer pacú que daba por hecho que pescaríamos ese día.
–––Acabo de descubrir qué es lo que me molesta de las mujeres –––dije. Y Ricardo soltó una carcajada.
–––¡No irá a empezar con lo mismo de anoche! –––dijo.
–––No; hablo en serio –––dije–––. Me molesta que me pongan en el sitio de un animal.
Soltó otra carcajada.
–––Hablo en serio –––dije–––. No soy un animal al que le baste un pedazo de carne y un mimo compasivo. Me gustaría compartir algo bello más allá de proyectos materiales. Me gustaría tener una amistad.
–––¿No quiere pedir mi mano?
–––¡Hablo en serio, bolú! –––dije–––. La vida me parece una comedia divertida, pero sin belleza.
–––Es la resaca –––dijo–––. Esta noche va a estar feliz cuando vea un pacú en la parrilla.

–––Qué rumbo tomaste mi vida...
Qué puerta a tu paso se abrió;
qué luna te espera angustiada,
oyendo tu nombre, oyendo mi voz...
Qué labios te cierran los ojos,
los ojos que a besos cerré...
…Auroras que son puñaladas…


IV

El gordo como mecánico se ganó nuestra admiración; no le llevó más que unos minutos la pesada tarea. Risueño y simpático, se acercó a ofrecer disculpas por las molestias causadas. Ricardo le invitó una bebida fresca y le comentó que su suegro había estado con nosotros hasta tarde por la noche.
–––¿Quién? –––preguntó serio el gordo.
–––Su suegro –––dijo Ricardo y el gordo nos miraba a ambos con el ceño fruncido.
–––¿No es su suegro el hombre que cuidaba el camión? –––preguntó Ricardo.
–––Mi suegro murió dos años atrás –––dijo el gordo.
–––Anoche estuvo aquí un hombre más bien delgado, de cabello blanco, ojos oscuros –––dijo Ricardo–––, y dijo que debíamos esperar a que su yerno trajera el repuesto para el camión.
–––La descripción coincide con la de mi suegro –––dijo el gordo–––. Pero ya le dije; murió dos años atrás.
–––Será como usted dice –––dijo Ricardo–––… ¿Va usted al río?
–––Hasta los indios nomás –––dijo. Saludó y se fue.
–––¡Qué le parece! –––exclamó Ricardo.
–––Si un muerto nos toma el vino –––dije–––, no quiero imaginar lo que nos haría un vivo con un poco de destreza.
Cargamos las pocas cosas que habíamos bajado del vehículo y nos encaminamos hacia el río a marcha lenta por la rugosa huella. Ricardo iba callado. Imaginé qué cosa dominaba su cavilación y le dejé con lo suyo. Sentí que a toda mi vida la había gastado en minúsculos conceptos. Consideré seriamente, y por vez primera, la posibilidad de que el Universo fuese otra cosa muy distinta de la que nos enseñaron. Consideraba la posibilidad de que estuviésemos manteniendo contacto permanente con gente que hubiese dejado de existir del modo que conocemos como vida. Llegué a preguntarme si no sería Ricardo una entidad venida de otra dimensión y que por algún motivo debía permanecer cerca de mí, como un guía en esta dimensión en la que yo me encontraba. Me preguntaba si sabría quien era él. Me preguntaba si no sabría él, mejor que yo mismo, quién era yo. Fingí mirar el monte del lado derecho, y le observé por un instante: miraba el fondo del camino con el ceño fruncido y llevaba los dedos entrecruzados en medio de las piernas.
El camino mejoró en el último tramo y vimos la pequeña aldea de aborígenes y al camión que había entrado unos cincuenta metros hasta las humildes viviendas. Un indio, desde arriba del camión, empujaba una bolsa de harina que recibían el gordo y el muerto. Hice sonar la bocina y ambos nos miraron riendo.
El muerto pellizcó con sus dos manos los costados del pantalón a la altura del muslo, puso un pie detrás del otro e hizo una rápida flexión con sus rodillas.
––– Viejo payaso –––murmuró Ricardo enojado––– ¿No cree que deberíamos mandarle unos plomos…?
–––Si –––dije distraído. Ya veía yo brillar la superficie del anchuroso Bermejo.
Por un fugaz instante pasó por mi mente, moviendo su cola, uno de esos seres a los que arrancaríamos sus entrañas antes de quemar sus carnes con brasas vivas por grotesco placer, y afiancé el concepto de que al viejo Universo, no le distraen las comedias.
Busqué encerrarme en mis fantasías para escapar de la inusitada impresión:

–––Ojalá que mi amor no te duela,
y te olvides de mí para siempre;
que se llenen de sangre tus venas,
y te vista la vida de suerte…
Yo no sé si tu ausencia me mate,
aunque tengo mi pecho de acero;
pero nadie me llame cobarde,
sin saber hasta dónde la quiero…
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor BTOAGUIRRE » Lun Jun 29, 2015 9:39 am

Viejo del monte escribió:Habrás visto, Beto, que a uno le pasan "cosas" cuando va al monte. Cuando no se jode el vehículo se jode el arma. O te jode un dolor de cintura. Nunca falta algo. Lo peor que le puede pasar a uno, es llevar al monte un conflicto de polleras, porque en esas soledades es como que el conflicto se agranda...
Pero bueno, cada uno se las arregla a su manera.
Te voy a contar una que viví cuando las urpilitas volaban antarca. Y la voy a contar a mi manera, que es la única manera que he aprendido a contar:


I

Todo nos había salido bien ese día, hasta que cayó la tarde.
La altura del río en la que buscaríamos los primeros pacúes que suben, estaba a más de 500 kilómetros de Salta. Ricardo terminó su turno a las siete de la mañana y pasó por mí como a las siete y quince. Se aguantó todo el día despierto.
Serían las seis de la tarde cuando nos desviamos de la ruta por un camino de tierra en mal estado, que nos llevaría hasta el lugar en el que armaríamos el campamento. Las huellas profundas que habían dejado los camiones madereros el verano pasado, obligaban a marchar lento para evitar quedar colgados por la panza del vehículo. El sol empezaba a ponerse rojo cuando calculé que habíamos andado alrededor de cuarenta kilómetros, y le dije a Ricardo que de un momento a otro se mostraría el río. Yo había pescado en ese paraje cinco años atrás, pero no tenía un recuerdo claro sobre detalles del camino. El monte a los costados de la huella era idéntico desde la ruta hasta casi llegar al agua: altos quebrachos, guayacanes enormes, unas pocas breas y, en abundancia, el que llaman el cacique de los palos, el recio algarrobo. Por lo bajo, la tierra arenosa y seca parecía facilitar la vida de los chaguares.
Empecé a sentirme ansioso buscando la inminente aparición de alguna planta de ancoche, o algún sauce sediento de escasa estatura que nos dice que está muy cerca el cauce.
No alcanzamos a ver indicios de proximidad del río cuando a la vuelta de un recodo nos encontramos con un camión que obstruía la huella.
Esperamos unos segundos con el motor en marcha y nadie bajaba del camión.
Apagué el motor y trataba de oír algún ruido de actividad humana. Nada.
Es zona selvática y desierta. Tomé mi pistola, una de grueso calibre que llevo a mano siempre que me muevo lejos de vigilancia policial, y pedí a Ricardo que estuviese atento.
Nos bajamos para observar el vehículo que nos impedía el paso. Habían sacado las ruedas doble traseras de un lado.
–––Rompieron palier –––dijo Ricardo.
Los vidrios de la cabina estaban abiertos; daban idea de que alguna persona que viajaba en el camión estaría cerca. Sentí la sensación de estar siendo observado y recorrí el terreno con la mirada. Pensé que lo mejor sería poner mi espalda junto al camión y dejar que el tiempo se administrara solo.
–––¿Por qué siento que ama usted a esa pistola? –––dijo Ricardo en voz baja.
–––Imagino que por tu capacidad de percepción –––dije también en voz baja.
–––¡Cómo puede alguien amar a un fierro! –––protestó con el mismo tono que usamos en los museos.
–––Hay situaciones en que podría hacer por mí lo que no haría el Papa de Roma –––dije–––. Y Dios podría demorarse.
–––¿No es paranoia lo suyo? –––preguntó Ricardo poniendo el tono adecuado a la burla.
–––¡Claro! –––dije animado–––. Adopté la enfermedad cuando descubrí que paranoia es sinónimo de conciencia elevada.
Miré hacia el fondo de la huella y vi que un hombre venía caminando como a cien metros desde el lado del río.
–––Hay quien dice que llevar armas es de cobardes –––dijo Ricardo como jugando su última carta.
–––Recomendales a esos filósofos que nunca olviden la vaselina –––dije.
Reía como ríe la gente en la iglesia.
–––No hay paso –––dijo el hombre–––. Rompimos palier. Mañana a la tarde volverá mi yerno con el repuesto.
–––¿Cuánto falta para el agua? –––preguntó Ricardo.
–––Ahí nomás está –––dijo el hombre–––. Medio kilómetro.
Tenía el pelo blanco y lacio. Piel amarilla sufrida. Ojos negros.
Ya del sol no se veía más que un fulgor cobrizo que rozaba la punta de los árboles, y resolvimos hacer noche debajo de un quebracho a pocos pasos del camión.
–––Es lo mejor –––dijo el hombre.
Ricardo comió unas sobras del mediodía, tomó unos pocos mates y se tiró sobre el catre junto al tronco del quebracho.
–––Si no me necesita, será hasta mañana –––dijo.
Seguimos con el mate que cebaba el hombre, mientras yo estiraba brasas debajo de la parrilla con chorizos de cerdo.
Cuando se terminó el agua para el mate destapé una botella de vino tinto sin etiqueta, de las que un bodeguero amigo me vende unas pocas por año.
Serví en dos copas baratas que llevo al campo y le alcancé una al hombre. Arrimó la copa a sus labios y la bajó sin beber. Sacudió el contenido y arrimó la nariz a la copa. Tomó un trago y miró las llamas a través del contenido. Yo terminé mi copa en la segunda empinada y me serví otra vez. Arrimé la botella a su copa y recibió, callado, el chorro que casi la llena.
Arrimé brasas vivas durante un rato y empecé a probar los chorizos. Le miré invitándole a servirse y vi que parecía entretenerle el color del vino.

II

Terminamos de comer, y colgué la parrilla en un gajo. El hombre encendió uno de mis cigarros de hoja. Yo me quedé con mi copa en la mano entretenido mirando el cielo diáfano. Reconocí una constelación y llevé la mirada un poco más hacia el Sur.
–––Más a su izquierda –––dijo.
–––¿Cómo? –––pregunté.
–––La Cruz del Sur –––dijo–––. Más a su izquierda.
Miré hacia mi izquierda:
–––Ahí está –––dije. Y tomé un sorbo de vino sin hacer otro comentario. Encendí un cigarro y fumé callado pensando en la perspicacia del hombre.
–––Habla usted poco –––dijo.
–––Eso me pasa cuando tengo hambre –––dije–––. Y también cuando estoy lleno.
Miraba su perfil fingiendo mirar el fuego. Él miraba las llamas con los ojos entrecerrados.
–––¿Le gusta la astronomía? –––preguntó.
–––Solo con sentido práctico –––dije.
–––Navegación –––dijo.
Me interesaba saber qué tenía en mente pero decidí no indagar. Si tenía algo que decir lo diría tarde o temprano.
–––¿Cree en la casualidad? –––preguntó.
–––¡Claro! –––dije–––. ¿No es casualidad que se rompiera el palier justo hoy?
–––Eso pasó ayer –––dijo–––. Pero si ustedes hubiesen venido la semana pasada, tal vez se hubiese roto la semana pasada.
–––¡Lindo título para una comedia! –––dije–––: Los caprichos del palier.
Bebió la media copa que le quedaba, de a pequeños tragos y sin retirarla de sus labios.
–––¿Practica usted algún arte? –––preguntó.
–––La pesca –––dije–––. Y aprendo a escribir.
Me miró serio por un instante:
–––Oh, suprema luz, elevada tan lejos sobre mortales pensamientos, presta otra vez a mi mente un poco de tu epifanía y dale a mi lengua tal poder que pueda dejar un singular chispazo de tu gloria, a este amigo del buen vino.

–––Tal vez mejor alguna vicoca –––dije–––. Porque has de saber, amigo del buen vino, que en los tiempos que corren, vale más un mísero diamante que todos los dientes de la boca.

–––¡Blasfemias le ruego obviar! –––dijo solemne–––. So pena de caer en los abismos del infierno, lo que Dios da, por nada debemos cambiar.

–––Blasfemar no es mi intención –––dije–––. Imagino que ha de doler menos caer en un abismo, que morir de inanición.

–––Si por un bocado faltáis a la ley divina –––dijo–––, Dios me libre y guarde de los pecados que cometeríais con una vagi... doncella.

–––Oportuno el eufemismo –––dije–––. Pero cuando he de merecer, que sea pecado o no, a mí me da lo mismo.

–––¡Eso es lo que llamo depravación! –––dijo–––. Disfrazar de fiesta la gracia de la sagrada procreación.

–––No siempre la estoy disfrazando –––dije–––. Solo cuando me dicen que están obul... con miedo.

–––Que el Señor tenga piedad en su juicio –––dijo meneando la cabeza–––. Yo creo que a usted le ha ganado el vicio.

–––Estoy que muero de afligido –––dije–––. Destapemos otra botellita a ver si lo olvido.

–––Todo sea por no pelear –––dijo–––. Destape nomás que yo voy a me... ver si llueve.

Destapé la botella y vinieron a mi mente algunos recuerdos de amoríos que eligen esos desiertos para ensañarse con la pena.

–––Oh, ángeles del cielo que me estáis mirando; no me castiguéis por mi condición apóstata; ya tengo bastante con mi vieja próstata; a veces pienso que moriré meando –––se oía decir al hombre que andaba detrás del camión. Yo elegí echar una trova.

–––No quiero verte llorar;
no quiero ver que las penas
se metan en tu alma buena
por culpa de mi querer…
No quiero verte sufrir;
no soy capaz de ofenderte;
y sabes que hasta la muerte,
voy a ser sólo de ti…

III

Ricardo me despertó cerca del mediodía ya con el asado que sonaba en la parrilla. Se quejó por el bochinche nocturno. El hombre no estaba en el camión e imaginé que habría ido al río. Pregunté a Ricardo si le había visto por la mañana:
–––No, y no le veremos –––dijo–––. Sabe que se acabó el vino.
Terminamos de comer y me tiré sobre el catre, cuando oímos el motor de un vehículo.
–––Tal vez sea el yerno –––dijo Ricardo.
Bajó un muchacho gordo. Traía el palier del camión. Nos saludó y puso manos a la obra.
Ricardo me alcanzó algunos mates mientras hacía planes culinarios para el primer pacú que daba por hecho que pescaríamos ese día.
–––Acabo de descubrir qué es lo que me molesta de las mujeres –––dije. Y Ricardo soltó una carcajada.
–––¡No irá a empezar con lo mismo de anoche! –––dijo.
–––No; hablo en serio –––dije–––. Me molesta que me pongan en el sitio de un animal.
Soltó otra carcajada.
–––Hablo en serio –––dije–––. No soy un animal al que le baste un pedazo de carne y un mimo compasivo. Me gustaría compartir algo bello más allá de proyectos materiales. Me gustaría tener una amistad.
–––¿No quiere pedir mi mano?
–––¡Hablo en serio, bolú! –––dije–––. La vida me parece una comedia divertida, pero sin belleza.
–––Es la resaca –––dijo–––. Esta noche va a estar feliz cuando vea un pacú en la parrilla.

–––Qué rumbo tomaste mi vida...
Qué puerta a tu paso se abrió;
qué luna te espera angustiada,
oyendo tu nombre, oyendo mi voz...
Qué labios te cierran los ojos,
los ojos que a besos cerré...
…Auroras que son puñaladas…


IV

El gordo como mecánico se ganó nuestra admiración; no le llevó más que unos minutos la pesada tarea. Risueño y simpático, se acercó a ofrecer disculpas por las molestias causadas. Ricardo le invitó una bebida fresca y le comentó que su suegro había estado con nosotros hasta tarde por la noche.
–––¿Quién? –––preguntó serio el gordo.
–––Su suegro –––dijo Ricardo y el gordo nos miraba a ambos con el ceño fruncido.
–––¿No es su suegro el hombre que cuidaba el camión? –––preguntó Ricardo.
–––Mi suegro murió dos años atrás –––dijo el gordo.
–––Anoche estuvo aquí un hombre más bien delgado, de cabello blanco, ojos oscuros –––dijo Ricardo–––, y dijo que debíamos esperar a que su yerno trajera el repuesto para el camión.
–––La descripción coincide con la de mi suegro –––dijo el gordo–––. Pero ya le dije; murió dos años atrás.
–––Será como usted dice –––dijo Ricardo–––… ¿Va usted al río?
–––Hasta los indios nomás –––dijo. Saludó y se fue.
–––¡Qué le parece! –––exclamó Ricardo.
–––Si un muerto nos toma el vino –––dije–––, no quiero imaginar lo que nos haría un vivo con un poco de destreza.
Cargamos las pocas cosas que habíamos bajado del vehículo y nos encaminamos hacia el río a marcha lenta por la rugosa huella. Ricardo iba callado. Imaginé qué cosa dominaba su cavilación y le dejé con lo suyo. Sentí que a toda mi vida la había gastado en minúsculos conceptos. Consideré seriamente, y por vez primera, la posibilidad de que el Universo fuese otra cosa muy distinta de la que nos enseñaron. Consideraba la posibilidad de que estuviésemos manteniendo contacto permanente con gente que hubiese dejado de existir del modo que conocemos como vida. Llegué a preguntarme si no sería Ricardo una entidad venida de otra dimensión y que por algún motivo debía permanecer cerca de mí, como un guía en esta dimensión en la que yo me encontraba. Me preguntaba si sabría quien era él. Me preguntaba si no sabría él, mejor que yo mismo, quién era yo. Fingí mirar el monte del lado derecho, y le observé por un instante: miraba el fondo del camino con el ceño fruncido y llevaba los dedos entrecruzados en medio de las piernas.
El camino mejoró en el último tramo y vimos la pequeña aldea de aborígenes y al camión que había entrado unos cincuenta metros hasta las humildes viviendas. Un indio, desde arriba del camión, empujaba una bolsa de harina que recibían el gordo y el muerto. Hice sonar la bocina y ambos nos miraron riendo.
El muerto pellizcó con sus dos manos los costados del pantalón a la altura del muslo, puso un pie detrás del otro e hizo una rápida flexión con sus rodillas.
––– Viejo payaso –––murmuró Ricardo enojado––– ¿No cree que deberíamos mandarle unos plomos…?
–––Si –––dije distraído. Ya veía yo brillar la superficie del anchuroso Bermejo.
Por un fugaz instante pasó por mi mente, moviendo su cola, uno de esos seres a los que arrancaríamos sus entrañas antes de quemar sus carnes con brasas vivas por grotesco placer, y afiancé el concepto de que al viejo Universo, no le distraen las comedias.
Busqué encerrarme en mis fantasías para escapar de la inusitada impresión:

–––Ojalá que mi amor no te duela,
y te olvides de mí para siempre;
que se llenen de sangre tus venas,
y te vista la vida de suerte…
Yo no sé si tu ausencia me mate,
aunque tengo mi pecho de acero;
pero nadie me llame cobarde,
sin saber hasta dónde la quiero…



Compadre lo aplaudo de pie, que relato, chango. Merecia un post aparte, le digo, le agradezco que lo haya posteado a continuación de lo mio, que gusto encontrar otro norteño, que comparte la admiración por nuestras cosas, mire me sentí mas que identificado, sobre todo cuando uno busca los sauces, cuando va al rio, y mira y mira, que pasa que no llegamos, aparece algún poblao aborigen, salen los chiretes, y ya uno se encamina con ayuda y compañía de alguno, seguro, que no?. Pechando esos caminos, que muchos no se animan, pocos conocen, y sino igual pechamos, si alguien sabia o me conto y asi va uno, termina llegando a algún lado. Seguro tiene mas para contar, animese, publique algo, para muchos será un gusto leer, y compartir experiencias, vivencias, de nuestro norte, le mando un abrazo afectuoso y lo saludo Beto Aguirre.

Ah le dejo una foto, seguro que ud., tiene varias

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hidalgo reyes
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Re: CAZANDO Y PESCANDO POR EL RIO BERMEJO SEGUNDA PARTE

Mensajepor hidalgo reyes » Dom Abr 17, 2016 3:50 pm

Muy bueno , amigo, felicito. Y todavía recuerdo , cazando , pescando, y porque NO cantando una zambita.....como esta.....https://youtu.be/C6Wt0hKNYA4

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